| NATURALEZA | intermediario entre los mundos |
|---|---|
| POSESIÓN | Las islas errantes y los pasadizos del Mundo Sublunar |
| MERCANCÍA | objetos malditos, roles, rutas, el tiempo del alma |
| PODER PRINCIPAL | La visión de los deseos ocultos y de los portadores adecuados |
Casi nunca miente abiertamente. Basta con decir justo la verdad necesaria para que el comprador elija por sí mismo el peor precio.
Otros nombres: pequeño vendedor de pesadillas, payaso de poca monta, comerciante de antigüedades
Nombre verdadero: desconocido
Naturaleza: entidad limítrofe, comerciante de maldiciones e intermediario de transformaciones
Supuesto dueño: la propia oscuridad
Lugar de residencia conocido: Las islas tambaleantes
Herramientas principales: objetos malditos, llaves, cajitas, tiza portal, balas de plata y el tiempo del alma
Nivel de peligro: extremadamente alto
Característica principal: nunca parece ser el principal responsable de lo que ocurre
Descripción general
El Vendedor de Pesadillas es una de las entidades más misteriosas y peligrosas del mundo de Chelsea.
A primera vista, parece solo un payaso pequeño y feo: lujurioso, grosero, ávido de diversión y no siempre especialmente inteligente. Aparece durante unos minutos, propone un trato dudoso, entrega a la protagonista el objeto que necesita y desaparece antes de que se entienda qué es lo que ha ocurrido exactamente.
Sin embargo, casi cada una de sus apariciones deja una huella capaz de cambiar el destino de todo un mundo.
Fue precisamente el Vendedor de Pesadillas quien se llevó la máscara de los restos de Bufón ejecutado y la guardó en un cofre. Siglos más tarde, le entregó ese cofre a Benjamin, ayudó al nuevo Bufón a escapar del hospital y aceleró su transformación definitiva.
Enseñó al futuro Titiritera a atravesar la realidad, le explicó la naturaleza del tiempo del alma y la ayudó a conseguir su propio portal entre los mundos.
Le entregó una llave especial al Guardián de las Llaves, permitiéndole abrir la puerta al Mundo Sublunar.
Vende armas contra las criaturas a las que él mismo ayuda a liberar.
Advierte a las heroínas de las catástrofes, pero casi nunca las evita por sus propios medios.
El vendedor no aparece en el centro de la historia, sino en sus márgenes, justo en el momento en que una persona necesita un objeto, un camino o un conocimiento por los que más tarde tendrá que pagar.
No es un comerciante de objetos
El título «El Vendedor de Pesadillas» no significa que simplemente venda sueños terroríficos.
Comercializa la posibilidad de convertir una pesadilla interior en realidad.
Sus productos rara vez tienen valor por sí mismos. Lo importante no es el objeto en sí, sino aquello con lo que conectará a su nuevo propietario.
El cofre de Benjamin no era un juguete mecánico cualquiera. Conectó a una persona con los restos de Bufón y abrió el camino hacia una nueva realidad.
La tiza portal no se limitaba a dibujar puertas. Llevaba a las personas a mundos donde ya les esperaban papeles preparados de antemano.
La llave del Mundo Sublunar no servía de nada sin el Guardián de las Llaves.
La Casa de Muñecas no era más que un objeto hasta que los deseos humanos la llenaban de almas.
El vendedor no crea deseos ni miedos de la nada. Los encuentra en el interior de la persona, les da la forma adecuada y permite que el propietario dé por sí mismo el último paso.
Por eso, sus tratos casi siempre parecen voluntarios.
Es la propia persona la que compra el cofre.
Se pone la máscara por sí mismo.
Él mismo entra por la puerta dibujada.
Él mismo acepta la oferta.
El vendedor solo se encarga de que el objeto necesario esté a mano en el momento adecuado.
Apariencia
El Vendedor de Pesadillas adopta la apariencia de un pequeño payaso con una cabeza desproporcionadamente grande.
Su rostro está cubierto de maquillaje rojo o blanco. Alrededor de los ojos se aprecian manchas brillantes, y la boca se estira en una sonrisa excesivamente amplia que deja al descubierto multitud de dientes afilados.
El pelo o los tentáculos que tiene en la cabeza son de un verde intenso y recuerdan a la vez a una peluca de payaso, a lenguas de fuego y a tentáculos blandos.
Lleva un viejo traje abigarrado, compuesto por piezas rojas, verdes y oscuras. A veces, la ropa parece llamativa y casi festiva. En otros momentos, el Vendedor se presenta sucio, chamuscado y parecido a un títere de teatro que ha cobrado vida.
Su cuerpo es pequeño y, físicamente, no da la impresión de ser una amenaza seria. El Vendedor sabe aprovecharlo a la perfección. La gente lo mira por encima del hombro, lo considera un monstruo lascivo o un siervo insignificante de un ser más poderoso.
Se desconoce si esta apariencia es su verdadero cuerpo.
Quizá la forma de payaso no sea más que una cómoda máscara comercial que le permite mezclarse entre la gente sin revelar su verdadera naturaleza. Pero es precisamente con esta apariencia con la que está presente en diferentes épocas, lo que significa que la imagen del payaso tiene un significado especial para él.
A diferencia de Bufón, que realmente era un payaso, el Vendedor probablemente nunca fue un artista humano.
Para Bufón, la imagen del payaso es un vestigio de su antigua personalidad.
Para el Vendedor, es un uniforme.
Edad y origen
Se desconoce el verdadero origen del Vendedor de Pesadillas.
Ya existía en 1585, cuando, tras la ejecución de Bufón, se presentó en el lugar de la hoguera y se llevó su máscara. Por lo tanto, el Vendedor es considerablemente más antiguo que la encarnación actual de Bufón y no fue creado por su teatro.
En una época posterior, actúa libremente en la Tierra, acaba en un hospital psiquiátrico, se desplaza entre mundos y considera su hogar las Islas Tambaleantes.
Conoce las leyes de los mundos Lunar y Sublunar, comprende la naturaleza de la transformación del alma y es capaz de reconocer a las personas de las que pueden surgir nuevas entidades.
En los informes hospitalarios se le describe como un paciente de estatura increíblemente baja, que no muestra agresividad manifiesta. Exige que le lleven ante Bufón o que le entreguen a este el cofrecito que, según él, lleva en el bolsillo, aunque el personal no ve ningún objeto.
Esto pone de manifiesto una característica importante del Vendedor: algunos de sus objetos pueden existir más allá de la percepción material habitual.
El hecho de que una persona no vea la mercancía no significa que esta no exista.
La máscara de Bufón ejecutado
Tras la ejecución pública de Bufón en 1585, de él solo quedó un cráneo carbonizado con una máscara.
Por la noche, el Vendedor de Pesadillas se acercó a la hoguera, se quitó la máscara y la guardó en un cofrecito con un diablillo. No intentó revivir al fallecido allí mismo ni le devolvió su cuerpo humano.
En su lugar, el Vendedor convirtió los restos de su personalidad en una maldición transferible.
Este acto es el que mejor revela su esencia.
Es capaz de ver valor donde otros solo ven un cadáver y cenizas.
Los sufrimientos de Bufón, su humillación, su amor por el escenario, su lujuria, su apego a Chelsea y su pavor ante la multitud se convirtieron en materia prima. El Vendedor conservó todo aquello no por compasión, sino porque a partir de un alma humana destrozada se podía crear algo mucho más poderoso.
No salvó a Bufón.
Hizo una inversión en él.
Benjamin y el cofre
Siglos más tarde, el Vendedor se presenta ante Benjamin en la forma de un extraño comerciante de antigüedades que lleva una máscara de payaso.
Vende un cofrecito con un valor aproximado de cien mil por solo quince céntimos y repite constantemente que «ha perdido a su dueño».
La transacción, evidentemente, no tenía sentido desde el punto de vista económico.
Benjamin no era un comprador en el sentido habitual. Era el portador elegido.
Tras la aparición de la máscara y el acercamiento de los dos artefactos, Benjamin comienza a tener sueños en los que crea su propia realidad, y sus fantasías ocultas cobran forma física. A continuación, la máscara se funde con su rostro, el miedo de Nick inunda el cofre y la antigua personalidad de Benjamin empieza a desmoronarse.
Más tarde, el vendedor le ayuda a escapar del hospital.
De este modo, participa en todas las etapas fundamentales de la transformación:
le entrega el cofre;
provoca la aparición de la máscara;
permite que la maldición madure;
libera al portador del hospital;
le ayuda a llegar al nuevo mundo.
Sin embargo, en ningún momento se convierte en el autor directo del asesinato de Nick.
Esta es la forma típica de actuar del Vendedor. Le ofrece a la persona una oportunidad, pero la obliga a llevar a cabo por sí misma la acción que cerrará el trato.
El hospital psiquiátrico
El hospital se convirtió en uno de los centros más importantes de su actividad.
En un mismo lugar se encontraron:
Benjamin, que ya se estaba convirtiendo en Bufón;
Mark, que se hacía llamar el Guardián de las Llaves;
el futuro Maestro de las marionetas;
el propio Vendedor de Pesadillas.
Es difícil considerar esto una coincidencia fortuita.
Cada uno de ellos poseía la cualidad necesaria para el futuro sistema de transiciones:
Bufón podía crear fantasías y mundos.
El Guardián de las Llaves podía abrir puertas.
La titiritera podía transformar almas y retenerlas en su propia casa.
El vendedor sabía cómo combinar sus habilidades.
La futura maestra titiritera afirma abiertamente que fue él quien le enseñó a atravesar la realidad para llegar al Mundo Sublunar. Él le prometió una Casa de Muñecas al otro lado si ella le ayudaba a liberar a Bufón y al Guardián de las Llaves.
El vendedor no se limitaba a salvar a sus compañeros.
Estaba reuniendo un equipo de entidades, cada una de las cuales debía ocupar su propio lugar en el sistema de pasajes entre los mundos.
El tiempo del alma
El Vendedor de Pesadillas posee un conocimiento excepcional sobre el tiempo del alma.
El tiempo del alma es un poder especial que permite a los seres de los mundos Lunar y Sublunar permanecer en la Tierra. Se obtiene de las experiencias humanas, los deseos secretos, los miedos y la participación en los juegos creados por los seres.
Es precisamente el Vendedor quien explica a la futura Titiritera que, sin este poder, su materia permanecerá atada al mundo terrenal. Para completar la transición, necesita obtener el tiempo del alma a partir de los deseos de la enfermera Ginger.
Él comprende no solo la forma de obtener esta energía, sino también su aplicación práctica:
la prolongación de la estancia de un ser en la Tierra;
cruzar por completo la frontera entre los mundos;
la consolidación de una nueva forma;
alimentar los portales;
el mantenimiento de los dominios malditos.
No está claro si el Vendedor necesita el tiempo del alma tanto como el resto de las criaturas, o si simplemente dispone de él en nombre de su amo.
Sin embargo, su constante inclinación por los tratos basados en el miedo, la vergüenza y los deseos eróticos permite suponer que las experiencias humanas son para él, a la vez, un placer y un recurso.
Lujuria
El Vendedor de Pesadillas es extremadamente lujurioso.
A diferencia de Bufón, cuya lujuria está ligada a la teatralidad, al enamoramiento y al deseo de retener a una mujer concreta, el Vendedor considera la intimidad como un entretenimiento, una moneda de cambio y parte del trato.
Puede intercambiar los objetos que la protagonista necesita por un servicio sexual.
Las balas de plata, capaces de proteger contra las criaturas infernales, las ofrece según el principio:
Un cartucho por cada vez.
Cuando a la protagonista se le acaba la tiza portal, el Vendedor está dispuesto a compartirla con ella, pero inmediatamente le exige que le «divierta».
Sin embargo, su lujuria no lo convierte en un simple animal.
Está integrada en su filosofía comercial.
Al vendedor le gusta especialmente el momento en que una mujer fuerte u orgullosa se ve obligada a acudir a él en busca de ayuda. Disfruta no solo del cuerpo, sino también del cambio de roles: hasta hace poco, la protagonista despreciaba a ese pequeño payaso, y ahora es precisamente él quien tiene la última bala, la llave o el trozo de tiza.
Sin embargo, no es peligroso porque siempre recurra a la fuerza.
Mucho más a menudo, el Vendedor crea una situación en la que negarse parece salir demasiado caro.
No te quita la posibilidad de elegir.
Hace que una de las opciones sea considerablemente peor que las demás.
Filosofía comercial
El vendedor rara vez exige dinero convencional.
El precio en monedas carece casi por completo de sentido para él. Un cofre que valía una fortuna se vendió por quince céntimos, porque el verdadero pago debía ser el miedo de Nick, el cuerpo de Benjamin y el nacimiento del nuevo Bufón.
El verdadero precio de sus mercancías puede consistir en:
el miedo;
el placer;
la humillación;
un servicio prestado;
la liberación de otra entidad;
la apertura de un portal;
la transformación humana;
una deuda futura;
el cambio del destino de todo un mundo.
Por eso, el comprador rara vez comprende el valor total en el momento de la transacción.
El vendedor es capaz de cumplir su promesa al pie de la letra. De verdad entrega una bala, una tiza, una llave o un camino. Pero, junto con el objeto, la persona recibe consecuencias que no había solicitado.
Respeta las condiciones de la transacción.
Pero no respeta a las personas.
Los portales y la moral
El vendedor se desplaza libremente entre los mundos y es capaz de abrir pasadizos luminosos.
Afirma que se dirige a su hogar, en las Islas Tambaleantes, y le propone a la protagonista que le acompañe. Sin embargo, le advierte: el lugar al que ella llegue dependerá de su moral.
Esto significa que algunos de sus portales no tienen una única salida fija.
Estos evalúan el estado de la persona y la dirigen hacia un espacio acorde con las decisiones que ha tomado.
El vendedor no solo conoce la geografía de otros mundos.
Entiende cómo las cualidades internas de una persona se traducen en una dirección de movimiento.
Para él, la moral no es una categoría filosófica. Es una coordenada.
Precisamente por eso observa atentamente las decisiones de Chelsea y Melissa. Sus elecciones determinan no solo su carácter, sino también qué puertas pueden abrirse ante ellas.
Las islas vacilantes
El vendedor llama a las Islas Inestables su hogar.
Se sabe muy poco sobre ellas. El propio nombre sugiere un espacio que carece de una posición estable: islas que se desplazan entre capas de realidad o que van a la deriva dentro del Mundo Lunar.
Quizá sea precisamente por eso por lo que el Vendedor conoce tan bien los traslados.
Para un ser cuyo hogar no está fijado en un solo lugar, desplazarse entre mundos no es una excepción, sino un estado natural.
Las islas errantes también podrían explicar su falta de una posesión permanente.
Bufón tiene un teatro.
La Titiritera tiene una casa.
El Guardián de las Llaves tiene puertas.
El Vendedor no está atado a un solo edificio. Su hogar viaja junto con el sistema de mundos, y él mismo aparece allí donde se perfila un trato ventajoso.
El Señor Oscuro
El Vendedor menciona varias veces a su propio amo.
Dice que buscaba a la joven de las pesadillas del Señor Oscuro. En otra conversación explica que su amo no necesita de bufones enloquecidos como competidores.
Esto permite vincular su servicio precisamente con el Señor Oscuro, aunque la naturaleza de su subordinación sigue siendo desconocida.
El vendedor podría ser:
un sirviente del Señor Oscuro;
su agente;
un proveedor de entidades raras;
un explorador;
un recolector de deseos humanos;
un intermediario con libertad propia.
Es evidente que cumple con los encargos, pero no parece un esclavo sin voluntad propia.
El vendedor es capaz de cansarse de las tareas, perseguir placeres personales, cerrar sus propios tratos e incluso ayudar a la gente, siempre que ello no vaya en contra de los intereses de su amo.
La joven de las pesadillas del Señor Oscuro tiene una importancia especial.
El vendedor la busca en distintos mundos y pide que se rocíe con un líquido especial a una mujer que solo se parezca a la imagen que busca. Esto demuestra que es capaz de reconocer rostros recurrentes y reflejos de una misma personalidad en distintas realidades.
Para él, una persona puede ser valiosa no solo por sí misma, sino también como posible reflejo del sueño de otra persona.
Paridad entre los mundos
El vendedor no está interesado en la destrucción total de la Tierra.
Explica que entre los mundos existen ciertas paridades. Si un mundo se convierte en un burdel fantasmal fuera de control, los cambios afectarán también a otros espacios.
Precisamente por eso ayuda a impedir la plena materialización de las fantasías de Bufón. No por compasión hacia las personas, sino porque la expansión del teatro romperá el equilibrio y creará un rival para su amo.
Esto hace que el Vendedor resulte mucho más interesante que un villano al uso.
Es capaz de ayudar a la heroína frente a una terrible amenaza, sin dejar de ser un ser totalmente inmoral.
Su bando no es ni el bien ni el mal.
Su bando es el orden que le beneficia.
Si para mantener el equilibrio es necesario liberar al monstruo, lo liberará.
Si hay que debilitar a un antiguo aliado, sin dudarlo le sugerirá a la heroína la forma de hacerlo.
Vende a ambas partes, pero se asegura de que ninguna de ellas obtenga demasiado poder.
La relación con Bufón
El vínculo entre el Vendedor y Bufón es mucho más profundo que una alianza habitual.
El Vendedor:
se llevó la máscara tras la ejecución;
la convirtió en la base de la maldición;
encontró a Benjamin;
le entregó el cofre;
le ayudó a escapar;
facilitó el paso al Mundo Sublunar;
más tarde intentó limitar la materialización de las fantasías de Bufón.
El Vendedor es a la vez el creador de Bufón moderno, su salvador, su mediador y su supervisor.
Probablemente, percibe a Bufón como un proyecto acertado, pero peligroso.
Mientras el teatro traiga miedo, deseos y nuevas transiciones, Bufón resulta útil.
Pero si intenta absorber el mundo terrenal y romper el equilibrio, el Vendedor está dispuesto a ayudar a sus adversarios.
No siente hacia Bufón ninguna lealtad humana.
Para él, Bufón es una mercancía muy valiosa a la que se le ha permitido creer que se ha convertido en el dueño de la tienda.
La relación con la Titiritera
El futuro Titiritera se convierte en uno de los alumnos más brillantes del Vendedor.
No la transforma con sus propias manos. En su lugar, le muestra el camino, le explica la necesidad del tiempo del alma y le propone un trato:
Ella ayuda a liberar a Bufón y al Guardián de las Llaves;
él la ayuda a pasar por completo a otro mundo y a conseguir su propio dominio.
Tras el incendio en el hospital, atraviesa la puerta y se transforma de acuerdo con su alma. A continuación, recibe la Casa de Muñecas, un portal que puede llenar de nuevas almas.
Esto no parece una ayuda fortuita, sino un nombramiento para un cargo.
El vendedor encontró a una persona con los deseos adecuados, la ayudó a renunciar definitivamente a la vida humana y la nombró administradora de uno de los pasajes.
No solo sabe vender objetos.
Crea nuevos dueños para los lugares malditos.
Relación con el Guardián de las Llaves
El vendedor dispone de las llaves, pero no desempeña la función de Guardián de las Llaves por sí mismo.
Durante el incendio, es él quien entrega a Mark la llave del Mundo Sublunar. A continuación, el Guardián de las Llaves abre la puerta por la que pasan los demás.
En esto se manifiesta el principio general del Vendedor.
Rara vez hace todo el trabajo por sí mismo.
El Vendedor busca a quien mejor se adapta a una acción concreta, le entrega la herramienta necesaria y obtiene el resultado deseado.
La llave puede pertenecer al Vendedor.
Pero quien debe girarla es el Guardián de las Llaves.
Chelsea y Melissa
Para el Vendedor, las hermanas son a la vez clientas, presas y un factor de inestabilidad.
Puede insultar a Chelsea, proponerle tratos lascivos e intentar arrastrarla al circo. En otro momento, le proporciona armas, tiza o la información necesaria para rescatar a Melissa.
Cuando Chelsea exige que le devuelvan a su hermana, el Vendedor le comunica que Melissa está con Bufón Verde, le lanza la tiza portal y desaparece. Formalmente, la está ayudando. Pero son precisamente él y sus aliados quienes, hasta ese momento, le habían enviado invitaciones en repetidas ocasiones y, al final, le habían pasado la tiza a la propia Melissa.
Por eso queda la pregunta: ¿de verdad el Vendedor, por estupidez, le indicó el camino a Chelsea o desde el principio quería que ella se dirigiera a la carpa?
Chelsea lo considera mezquino y demasiado torpe, ya que, sin quererlo, la ayuda a llegar hasta su hermana.
Pero para una entidad que lleva siglos uniendo a personas, maldiciones y mundos, un error así parece sospechosamente conveniente.
Quizá el Vendedor, en efecto, a veces se vuelve descuidado debido a la lujuria y la arrogancia.
O quizá Chelsea haya llegado exactamente adonde la estaban guiando.
Comportamiento
El Vendedor es grosero, burlón y deliberadamente desagradable.
No intenta parecer un demonio majestuoso. Puede maldecir, reírse con sorna, regatear por tonterías y comportarse como un monstruo de circo lujurioso.
Esta actitud cumple varias funciones a la vez.
En primer lugar, oculta su inteligencia.
En segundo lugar, hace que su interlocutor subestime la amenaza.
En tercer lugar, convierte un acuerdo metafísico serio en algo casi cotidiano.
A una persona le resulta más fácil aceptar un trozo de tiza de un payaso repugnante que firmar un contrato oficial con un ser ancestral. Pero las consecuencias siguen siendo igual de reales.
El vendedor sabe decir la verdad de tal forma que suene a burla.
Y sabe transmitir una amenaza de tal forma que se tome por una broma.
Habilidades
Desplazamiento entre mundos
El vendedor es capaz de abrir portales, desaparecer sin dejar rastro y desplazarse entre la Tierra, la Luna y el Mundo Sublunar.
Manejo de objetos malditos
Sabe encontrar, modificar, guardar y transmitir artefactos capaces de conectar a las personas con otras realidades.
Creación de portadores
El vendedor reconoce a las personas cuyos deseos y heridas las convierten en portadores idóneos para las maldiciones.
Conocimiento del tiempo del alma
Sabe cómo extraer y utilizar la energía de las experiencias humanas.
Visión de deseos y pesadillas
El vendedor sabe descubrir los deseos ocultos de las personas y utilizarlos como material para un trato o una transformación.
Ocultación de objetos
Algunos de sus productos pueden permanecer invisibles o existir fuera del espacio material habitual.
Navegación moral
Sus portales son capaces de dirigir a los viajeros a distintos lugares en función de sus decisiones y su estado interior.
Desaparición
Puede abandonar un lugar sin moverse de la forma habitual, sin dejar rastros ni huellas.
Mediación entre entidades
El vendedor es capaz de reunir a personas, artefactos y criaturas que, sin él, nunca se habrían encontrado.
Limitaciones
El vendedor es muy poderoso, pero no actúa como un gobernante absoluto.
Prefiere la mediación y los acuerdos a la violencia directa. Es posible que algunas transformaciones requieran la acción voluntaria de la propia persona.
Benjamin tuvo que ponerse la máscara.
El futuro Titiritera tuvo que conseguir el tiempo del alma.
El Guardián de las Llaves tenía que abrir la puerta.
Chelsea tenía que utilizar ella misma la tiza.
Puede que no sea solo una costumbre, sino una limitación de su poder. El vendedor es capaz de allanar el camino, pero el último paso debe darlo aquel cuyo destino está a punto de cambiar.
También está limitado por los intereses de su amo y por el equilibrio entre los mundos.
Por último, su lujuria es una auténtica debilidad. El deseo de obtener un placer inmediato a veces obliga al Vendedor a regatear a la baja, a revelar información útil o a dejar que la protagonista se acerque más de lo que debería.
Pero confiar en esa debilidad es peligroso.
Quizá incluso sus fracasos ya estén incluidos desde hace tiempo en el precio del trato.
¿Qué es lo que quiere?
El Vendedor de Pesadillas no aspira a gobernar personalmente la Tierra.
Le conviene más un mundo en el que existan multitud de miedos, deseos, maldiciones y puertas cerradas. Un mundo así genera constantemente nuevos compradores.
Lo que quiere es:
mantener el movimiento entre los mundos;
mantener un equilibrio beneficioso;
encontrar portadores adecuados;
crear nuevas maldiciones;
acumular el tiempo de las almas;
cumplir las órdenes del Señor Oscuro;
disfrutar;
no permitir que ninguna entidad se apodere por completo del sistema.
Si Bufón hace realidad todas sus fantasías y convierte la Tierra en su propio teatro, el comercio llegará a su fin. Todo pertenecerá a un único dueño.
Al vendedor no le conviene.
No necesita el fin del mundo.
Lo que necesita es un mercado infinito de debilidades humanas.
Vínculos y significado
El Vendedor de Pesadillas plasma la tentación como un trato.
Bufón convierte la vida en un espectáculo.
La Titiritera convierte al ser humano en un juguete.
El cerrajero abre las puertas.
El Shogot confunde los pasadizos.
El vendedor decide a quién darle una máscara, a quién una llave, a quién tiza y quién debe encontrarse con la criatura del otro lado.
No es el ser más poderoso del mundo de Chelsea.
Pero es precisamente él quien es capaz de colocar a los seres más poderosos en los lugares adecuados.
Su peligro radica en la ausencia de un escenario propio. Cuando aparece Bufón, toda la atención se centra en él. Cuando cobra vida la Casa de Muñecas, la gente teme a su dueña. Cuando se abre la puerta, todos miran al Guarda llaves.
Casi nadie se acuerda del pequeño payaso que los presentó el uno al otro.
Y eso es precisamente lo que más le conviene.


