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El Guardián de las Llaves

El cerrajero no controla todas las puertas. No es la puerta lo que hace que sea más peligroso, sino la propia distinción entre «entrar», «salir» y «quedarse encerrado en uno mismo».

The Witch Chronicles
NOMBRE HUMANO Mark
NATURALEZA función personificada de la transición
SÍMBOLO cerraduras, quemaduras, fuego
FUERZA PRINCIPAL el cambio de función de las puertas y el traslado de llaves entre mundos

El cerrajero no controla todas las puertas. No es la puerta lo que hace que sea más peligroso, sino la propia distinción entre «entrar», «salir» y «quedarse encerrado en uno mismo».

Nombre humano: Mark
Otros nombres: Guardián de los pasadizos, Señor de las cerraduras
Naturaleza: un ser humano renacido, vinculado a las puertas y a las fronteras entre los mundos
Lugar principal de aparición: El Mundo Sublunar, la fantasía hospitalaria del Teatro-Museo de Bufón
Característica principal: capaz de abrir y cerrar no solo puertas, sino también la memoria, la voluntad, la magia y los caminos entre realidades
Nivel de peligro: alto, pero predecible

Descripción general

El Guardián de las Llaves es un enorme guardián de los pasos, cuyo cuerpo está cubierto de cerraduras, llaves y pesados sellos.

No crea mundos, como Bufón, ni comercia con maldiciones, como el Vendedor de Pesadillas. Su poder es mucho más limitado, y precisamente por eso es casi absoluto.

El Guardián de las Llaves controla las fronteras.

Es capaz de abrir un paso hacia un lugar desaparecido hace tiempo, cerrar para siempre la salida de una realidad paralela, encerrar un recuerdo dentro del alma humana o convertir una puerta corriente en un muro infranqueable.

Si ante una persona se alza una frontera, en esa frontera puede aparecer una cerradura.

Y si hay una cerradura, el Guardián de las Llaves, tarde o temprano, encontrará la llave que la abra.

Pero hubo un tiempo en que era un hombre llamado Mark.

Mark

Mark creció en el seno de una familia de cerrajeros.

Su padre reparaba mecanismos de puertas, abría cajas fuertes antiguas y fabricaba llaves para casas cuyos propietarios habían olvidado hacía tiempo cómo eran las originales. Desde niño, Mark distinguía las cerraduras por el sonido y podía detectar un fallo en el mecanismo con solo pegar la oreja a la puerta.

Sin embargo, su verdadera obsesión surgió tras un incendio.

Cuando Mark aún era un adolescente, se produjo un incendio en la casa de su familia. Su hermana menor quedó encerrada en una habitación. La llave se había perdido, la cerradura se atascó por el calor y Mark no pudo abrir la puerta a tiempo.

Durante muchos años recordó sus golpes desde el otro lado.

Más tarde, Mark se convirtió en un cerrajero profesional especializado en aperturas de emergencia. Abría pisos cerrados, almacenes, salas de hospitales y habitaciones en las que, tras la muerte de sus ocupantes, solo quedaban objetos viejos.

Casi nunca se interesaba por lo que había detrás de la puerta.

Para él, lo más importante era demostrar que ningún candado es definitivo.

Pero la puerta de su infancia seguía existiendo en su mente.

Las cerraduras

Con el tiempo, Mark empezó a oír golpes donde no había puertas.

Al principio, el sonido provenía de las paredes. Después, de debajo del suelo. Más tarde, empezó a oírlo dentro de su propio cuerpo.

Mark decidió que el ser humano también es un espacio cerrado.

La piel, las paredes.

Los ojos son las ventanas.

La boca, una puerta que no se puede abrir desde dentro.

Empezó a hacerse tatuajes en forma de cerraduras en el cuerpo. Cada uno marcaba el lugar desde donde, según él, provenía el golpeteo.

Cuando llevaron a Mark al hospital psiquiátrico, su cuerpo ya estaba cubierto de esos signos. No paraba de pedir las llaves y de suplicar al personal que «lo abriera». Los médicos lo consideraron parte de un trastorno mental complejo.

Solo se equivocaban en una cosa.

Mark realmente oía a alguien al otro lado.

El fuego

Un día, Mark se liberó de la camisa de fuerza y se coló en la cocina del hospital.

Provocó un incendio y metió las manos en el fuego, como si intentara girar una llave al rojo vivo invisible. Cuando llegaron corriendo los celadores, las palmas de Mark estaban completamente quemadas.

Él permanecía de pie en medio del humo y repetía:

«Soy el Guardián de las Llaves. Abran el fuego».

En el informe médico, esa frase quedó registrada como un desvarío sin sentido.

Pero Mark no estaba instando a la gente a abrir fuego.

Pedía que él mismo abriera fuego.

Tras la muerte de su hermana, Mark ya no veía las llamas solo como una fuerza destructiva. El fuego era la última puerta que en su día no había podido atravesar.

Ahora quería atravesarla.

El hospital

Mark acabó en el mismo hospital que Benjamin, el futuro Bufón; Gretta, que se había convertido en la Creadora de marionetas; y el pequeño Vendedor de Pesadillas.

Para los médicos, no eran más que unos cuantos pacientes peligrosos.

Para el Vendedor, un grupo casi completo de futuros amos de otros mundos.

Benjamin podía crear una nueva realidad.

Gretta podía llenarla de almas y muñecos.

Pero los mundos creados necesitaban puertas.

El Vendedor de Pesadillas no vio en Mark a un loco, sino a un hombre que se había estado preparando toda su vida para una única función.

Cuando un auténtico incendio arrasó el hospital, el Vendedor le entregó a Mark una llave insólita. No tenía los muescas habituales, y la superficie del metal parecía lisa.

No era la llave de una puerta concreta.

Abría la propia posibilidad de salir.

Mark la introdujo en la cerradura, que un segundo antes ni siquiera existía, y abrió el paso al Mundo Sublunar.

Fue precisamente por esa puerta por donde salieron del hospital en llamas el futuro Bufón, la Titiritera y el propio Vendedor de Pesadillas.

Mark entró el último.

Para los demás, el fuego supuso la perdición de sus antiguos cuerpos.

Para él, una puerta que por fin se abría.

Renacimiento

En el Mundo Sublunar, el cuerpo de Mark se transformó de acuerdo con lo que albergaba su alma.

Se convirtió en un ser enorme y pesado, capaz de mantener físicamente abiertos los pasajes entre los mundos. Su espalda y sus hombros se cubrieron de auténticas cerraduras. Los tatuajes humanos se transformaron en orificios que conducían a espacios desconocidos.

Sus manos quemadas se convirtieron en poderosas garras. Ahora podían accionar mecanismos que un ser normal no podía ni tocar.

Los ojos del Guardián de las Llaves están cubiertos por un vendaje grueso. Tras su transformación, ya no necesitaba la vista. Percibe las cerraduras, los sellos y las fronteras con la misma claridad con la que un humano percibe el calor o el frío.

De su cinturón cuelgan llaves, cerraduras y pesados sellos, reunidos en distintos mundos.

Cada llave tiene un único propósito.

Algunas abren lugares.

Otros, a personas.

De los terceros, es mejor no utilizarlos nunca.

El pequeño guardián

En el cinturón del Guardián de las Llaves hay una pequeña criatura de piedra que se asemeja a un guardián de aspecto grotesco.

No es una mascota cualquiera.

El pequeño guardián es un castillo viviente que surgió del último miedo humano de Mark. Vigila las llaves, recuerda los acuerdos alcanzados y no permite que su dueño abra por segunda vez un paso que debía permanecer cerrado.

Cuando alguien le pide al Guardián de las Llaves que abra una puerta, es precisamente el guardián quien fija el precio.

A veces se requiere un objeto.

A veces, un recuerdo.

A veces, una promesa.

Y a veces la puerta solo se abre después de que la persona entregue voluntariamente la llave de la misma al propio Guardián de las Llaves.

Carácter

El Guardián de las Llaves es callado y paciente.

No disfruta del miedo ajeno como lo hace Bufón, ni busca humillar a su interlocutor como el Vendedor de Pesadillas. Para él, la petición de abrir la puerta no es un entretenimiento, sino un acuerdo.

Rara vez engaña.

Pero nunca da más explicaciones de las necesarias.

El Guarda llaves puede advertir a una persona de que tras la puerta le espera un peligro. Si se ignora la advertencia, no acudirá al rescate de quien haya entrado.

En su opinión, el hecho de abrir el paso ya supone el cumplimiento de la petición.

El Guardián de las Llaves no distingue entre puertas buenas y malas.

Solo hay:

cerradas;

abiertos;

prohibidos;

aquellas cuyo precio aún no se ha pagado.

A veces, en él se deja entrever al antiguo Mark. Sobre todo cuando tras una puerta cerrada queda una persona pidiendo ayuda.

Entonces, el Guardián de las Llaves es capaz de desobedecer la orden y abrir el paso sin cobrar.

Pero eso ocurre muy raramente.

El poder sobre las fronteras

El Guardián de las Llaves es capaz de controlar cualquier barrera, siempre que esta exista al menos como idea.

Puede abrir:

una puerta normal sin llave;

un paso a otro mundo;

una tumba sellada;

un recuerdo ajeno;

el camino hacia el interior de la conciencia humana;

un antiguo bucle temporal;

la frontera entre el cuerpo y el alma.

Pero su poder también funciona a la inversa.

El guardián es capaz de encerrar:

el espíritu dentro de un objeto;

a una persona dentro de un sueño;

una habilidad mágica;

el recuerdo de lo ocurrido;

un deseo que intenta escapar al exterior;

todo un mundo, privándolo de salida.

Su poder más temible se llama «Cerradura interior».

El Guardián de las Llaves crea una cerradura en el cuerpo de una persona y gira en ella una de sus llaves. Tras ello, puede encerrar una parte concreta de la personalidad: la voz, el movimiento, la memoria, la excitación, la voluntad o la capacidad de resistirse.

En los acuerdos eróticos, este poder se convierte en un ritual de cesión voluntaria del control. La propia persona permite al Guardián de las Llaves encerrar una parte de sí misma y solo obtiene la liberación tras cumplir la condición.

Para el «Guardián de las Llaves», no se trata de lujuria en el sentido habitual.

Le atrae el momento en el que una persona entrega voluntariamente a alguien la llave de su propio cuerpo o de su propia conciencia.

Limitaciones

El Guardián de las Llaves no es capaz de crear una puerta donde ni siquiera existe la posibilidad de paso.

Necesita un límite:

una pared;

una cerradura;

un sueño;

un reflejo;

un recuerdo;

acuerdo;

separación entre dos estados.

Bufón es capaz de inventarse un mundo.

El Vendedor de Pesadillas es capaz de atraer al comprador hacia él.

Pero el Guardián de las Llaves solo puede abrir aquello que ya está separado del resto de la realidad.

Además, la llave auténtica no se puede utilizar indefinidamente. Tras abrir ciertos pasadizos, la llave se rompe, se quema o pasa a formar parte de una nueva cerradura.

Por eso, ni siquiera el Guardián de las Llaves abre puertas prohibidas sin necesidad.

Sabe que algunos pasadizos no se pueden cerrar por segunda vez.

El Vendedor de Pesadillas

El Vendedor de Pesadillas le dio a Mark la primera llave auténtica y, con ello, completó su transformación.

Pero el Guardián de las Llaves no es un simple sirviente del Vendedor.

El comerciante puede encontrar una puerta, cerrar un trato y traer el objeto necesario. Sin embargo, solo el Guardián de las Llaves es capaz de determinar si un pasadizo aceptará esa llave.

Su relación se basa en el beneficio mutuo.

El Vendedor necesita caminos abiertos entre los mundos.

El Guardián de las Llaves necesita nuevas cerraduras y llaves.

Al mismo tiempo, el Guardián de las Llaves es perfectamente consciente de que el Vendedor lo ha utilizado igual que a Benjamin y a Gretta.

No se venga únicamente porque el poder obtenido se ha convertido realmente en la realización de su deseo más profundo.

El Vendedor de Pesadillas no engañó a Mark.

Simplemente no le dijo en qué se convertiría tras abrir la puerta.

Bufón

Bufón crea multitud de mundos, pero no siempre puede proporcionarles por sí solo entradas y salidas estables.

Para ello necesita al Guardián de las Llaves.

El Guardián de las Llaves puede encerrar una fantasía en un museo, anclar una puerta a un bucle temporal concreto o sellar una exhibición cuando termina la representación.

Su alianza no puede llamarse amistad.

Al bufón le encanta dejar a los espectadores una falsa esperanza de escapar.

El Guardián de las Llaves considera que una puerta es una promesa seria.

Si la salida está señalizada como real, debe conducir a algún sitio.

Por eso han surgido conflictos entre ellos en numerosas ocasiones. Bufón intenta convertir cada tránsito en parte del espectáculo, mientras que el Guardián de las Llaves exige que se respeten las condiciones bajo las que se abrió la puerta.

Bufón es el dueño del escenario.

Pero puede que la llave de la salida de emergencia no esté en su poder.

La Titiritera

La Casa de Muñecas está llena de puertas que no pueden explicarse mediante la arquitectura convencional.

Una habitación puede estar dentro de otra, un armario puede conducir a un mundo aparte, y la salida devuelve a la prisionera al lugar del que intentaba escapar.

El Guardián de las Llaves ayuda a mantener este sistema.

No controla a la Titiritera, pero se asegura de que las puertas de su dominio no rompan las fronteras entre los mundos vecinos.

Gretta le trata casi con respeto. Es consciente de que, sin el Guardián de las Llaves, su casa podría convertirse en una trampa sin fin incluso para la propia dueña.

Chelsea y Melissa

Para el Guardián de las Llaves, Chelsea y Melissa no son enemigas personales.

Las juzga por cómo se comportan ante las puertas cerradas.

Chelsea suele intentar encontrar su propio camino, eludir una regla o volver el poder ajeno contra su dueño. Eso irrita al Guardián de las Llaves, pero al mismo tiempo despierta su respeto.

Melissa suele buscar la llave correcta e intenta comprender el funcionamiento de la cerradura. Este enfoque le resulta más cercano.

El Guardián de las Llaves puede ayudar a ambas, pero nunca lo hará gratis.

El precio no tiene por qué ser desmesurado. A veces basta con devolver la llave robada, cerrar el paso tras de sí o prometer no abrir una puerta concreta.

Lo principal es cumplir la condición al pie de la letra.

El Guardián de las Llaves no perdona a quienes aceptan una llave y después se niegan a reconocer la deuda.

Lo que queda de Mark

En el interior de ese enorme guardián sigue viviendo un hombre que, en su día, fue incapaz de abrir una única puerta.

Precisamente por eso, el Guardián de las Llaves es especialmente peligroso para quienes encierran a otros por puro placer.

Puede servir a Bufón, colaborar con la Titiritera y aceptar los tratos del Vendedor de Pesadillas. Pero si tras la puerta hay una persona viva a la que han abandonado a su suerte sin otra opción, en el Guardián de las Llaves se despierta un viejo recuerdo.

Entonces empieza a oír unos golpes.

Y a veces abre la puerta que le ordenaron vigilar.

No por piedad.

Simplemente no puede permitir que aquella puerta de antaño se cierre de nuevo.

Vínculos y significado

El Guardián de las Llaves encarna la frontera y el derecho a cruzarla.

El Shogot confunde las direcciones.

Bufón crea mundos y papeles.

La Titiritera retiene las almas dentro de su propia casa.

El Vendedor de Pesadillas ofrece la llave a cambio de un precio determinado.

El Guardián de las Llaves decide qué es lo que esa llave realmente abrirá.

No es el ser más cruel ni el más lujurioso del Mundo Sublunar. Pero sin él, muchas otras entidades se verían encerradas dentro de sus propios dominios.

Él es quien mantiene unida la red.

Cada puerta de Bufón, cada pasadizo secreto de la Casa de Muñecas y cada portal del Vendedor de Pesadillas queda, tarde o temprano, bajo su autoridad.